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15/10/10

Parece el cuento de todos los días...

Esto tiene más o menos unos 8 meses que lo escribí, lo puse en un lugar a donde nadie lo ha pelado, no fue a propósito. Pero ya se los rescaté, lo releí y le puse unas dos o tres cosillas porque estaba muy mamón. ¿El origen?, creo que sería por unas cosas que viví en lugares que matizan situaciones y tendencias que se creerían desaparecidas, en tanto que en otras, de las que se podría creer que es más común resulta contrariante a la creencia popular. La civilidad no se encuentra donde hay pavimento, al contrario está donde en verdad de busca el bien común.



A propósito del día Internacional de la Mujer.

No una celada, ni una traición, si no más meticulosamente una disposición natural. Disposición heredada, menospreciada, disfrutada con tonos de una desvergüenza solicitada y hasta cargada de mustiedad y soledad. 


La vida, la nuestra, que es como conocemos y nombramos a este andar diario y constante, en una era moderna que hace remembranza constante a su origen, la misma que nos demanda encontrar razón a todo para justificar la permanencia y aquello que la diferencía de lo que era una vida en antaño, que se vivía, innata del origen del que resultan las cosas, cosas que ya no percibimos o que ya no nos detenemos a ver pero de las cuales aún disfrutamos.


Las celebraciones y conmemoraciones son, en la mayoría de los casos reflexiones similares a las de la vida, condiciones que razonan y justifican nuestra historia, nuestra condición y al final nuestra propia vida. El poder ideológico y el inherente anhelo que nutre la esperanza por un cambio constante; contagiado por externos en muchos casos, se nutre y se ha logrado adaptar a la toma de decisiones como justo reconocimientos a la igualdad natural. Días como hoy sugieren una nulidad al significado que profesan y persiguen, puesto que para muchos no hay cambios ni matices perceptibles. Se concibe el marcar a los días con una conmemoración, como una tradición y condición que parece solo perturbada por el simple hecho de ser más evidentes al estar presente en un calendario, solo con tinta y palabras se afecta el cronismo de la fecha que reclama nostalgia a lo que por derecho en un momento tardío fue reconocido, La igualdad.


Un sin número de lugares y momentos se forman testigos, que bien podrían dar fe de la violación recurrente de los derechos fundamentales de las mujeres. Mujeres que aparentemente permanecen amagadas por las misma ataduras: la reclusión, la privación de decisión sobre aspectos básicos y necesarios en una vida y hasta la libertad. Para muchas el único crimen es reconocido como la culpa de haber nacido en su situación, por pretender atentar contra su papel fundamental que por ende desemboca en fallas que atentan a su rol de género tradicional y que desvirtúan su quehacer en la sociedad.


Hasta este momento es cierto que se pueden reconocer muchos aspectos que minimizan la vulnerabilidad de la mujer en la sociedad. Pero el que existan aún vejaciones y recordatorios fundamentados en una tradición pervertida, que si bien ha logrado reconocer y aumentar las cualidades de ellas, logra hoy hasta protegerlas. Solo han logrado, en la mayoría de los casos hacerlo de manera superficial, con tal de hacer menos indudable lo evidente de la aparente realidad.  Sumémosle también los persistentes abusos, que van a la par con la intolerancia y el racismo, pero de una manera más violenta, me parece, ya que transgreden el género y atacan de manera sexista, transgrediendo patrones, tradiciones, usos y costumbres y confrontando con uno mismo, lo cual aparenta un atentado contra los mismo sistemas sociales políticos e ideologías establecidas. 



El poder, que tiene entre tantas la virtud de la hegemonía ha tenido destellos que llegan a gozar de proyección social, lamentablemente persiste solo en destellos resultado de la falta de perspicacia de las autoridades y el estado para sustentar este poder en el derecho y no solo en la tradición. Los privilegios extralegales logran hacer gala de su naturaleza segregando y violentando las situaciones en formas más graves y alarmantes, y es en varios casos, como es común en los crímenes, que quedan sumergidos en la impunidad que logran implantarse en lo más privado, en lo más puro, noble y básico como es el núcleo familiar donde se concentran estos riesgos y se fomentan más delitos que en cualquier otro lugar por el amparo y el cobijo del encubrimiento.

La violencia domestica sigue en aumento, los encubrimientos son más evidentes y si ahora se va haciendo más complicado garantizar la seguridad en espacios universales, es adecuado pensar que en lo privado se complica y guarda mejor todo.  La pertenencia a territorios que no conocen más ley que la propia, aquella bien dotada de una privilegiada masculinidad y en donde reina la autoridad simbólica, donde es posible por ley natural y condición de la fuerza abusar, golpear, sancionar humillar y violentar; aun más con apoyo de la arraigada herencia ideológica de exclusión y menosprecio, por lo que no conocemos, o que conocemos tan bien que podemos pensar nos puede controlar. Como las féminas, por ejemplo.

El panorama es desalentador aún más por la ilegalidad histórica, la complicidad y la colusión que continua recrudeciendo las secuelas modernas de violencia contra el género y el aparente sexo débil, que es ligado solo a sentimientos de menosprecio siendo que en realidad son la razón por la cual los seres que pretenden llamarse humanos, pueden amar y tener deseos de cambiar. Al final las mujeres pueden ser consideradas con mucho derecho como la razón de muchas cosas y sentimientos que nos pueden trasladar a estados gratos, mejorarnos el ánimo, anhelar sentir cariño, puesto que necesitamos corresponderles, en este momento hablo como hombre… Ustedes son la más clara muestra de dualidad, amor, esperanza e inspiración comparable solo con la inmensidad de las estrellas y pueden desencajar nuestras vidas con ambiciones de querer ser mejores.

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