Powered By Blogger

11/4/11

Anualidades.

Lo supe siempre, de hecho desde la primera vez que tuve que dirigir la nave con el volante, algún día tenía que pasar y fue hoy, un cabrón cualquiera seguramente con más cosas en la cabeza que yo se me atravesó en el camino, juro que se atravesó y de hecho se lanzó, sí en verdad yo vi como le hizo, seguro ni lo pensó. Pobre hombre, salió así muy de repente, se quería matar y yo creo le ayudé, no le vi hasta que... cuando ya estaba encima de él. Hoy venía muy atenta al camino, por eso vi que no llevaba ni siquiera una expresión en el rostro. Iba algo rápido, lo sé le acelere pero me pude detener;  lo único que quería era llegar antes que "Q", darle algo así como una sorpresita igual a esas que acostumbrábamos… hoy hace tres años que vivimos juntos.

Si pudieran verme, no puedo ni moverme, quiero llorar o no sé, no sé si el hombre que golpeó la defensa está bien, porque él le pegó; mucha gente se comienza a acercar, me hablan pero no los escucho; no quiero escucharlos, quieren que baje del carro o algo así. La muerte no es algo a lo que le haya temido nunca, bien me enseñaron que es cómo la meta última de la vereda en el camino.

"Q" me lo dijo o trató de advertirme por la mañana, es algo que ya no hace muy a menudo, me dijo que tuviera cuidado y me tomo en sus brazos cálidamente, me hizo temblar de nuevo al rodearme y apretarme; me aseguró con la fuerza que aplicó que aún es mío, todo mío. No teníamos planeado festejar hoy de la forma que fuese,  finalmente no nos hemos casado todavía, ni tenemos hijos, incluso con todo y sus caricias matutinas y espontaneas dudo que recuerde este día, o lo que significa para nuestras vidas. Q tiene muy mala memoria, a diario me convence más y más, no es torpe, de hecho es el hombre más inteligente que conozco, sé que no es el más de todo el mundo, pero para mí sí, para mí ha sido el más desde que llegó a mi vida; ¿cómo lo sé?  lo sé porque no conozco a todos en el mundo.

El trabajo me lo dejó así, me lo arrebató, no sé exactamente cuándo fue, bueno sí, sería muy estúpida e ingenua de creer que paso sin razones; una tarotista me convenció de dejarlo ir libre por la vida, diciéndome que un hombre como él necesita de mucho espacio, -¿cómo se puede saber tanto de tantos en cartoncitos y arcanos?-  Pobre de mí, desbordo confianza en gente como ella, sea por mi fe en el destino o mis inseguridades y miedos, ¿si no de que otra forma me habría hecho de un hombre como él?

Supe donde estar siempre para verlo, me daba pena que él supiera que caminaba un par de calles más para coincidir en su camino, sin embargo lo tomaba todo muy natural; sabe que soy una de esas mujeres que necesitan siempre de una rutina, un rumbo, yo en cambio entendí muy tarde que él es de los que si ven pajarillos en las calles le da por seguirlos; ama la naturaleza. Algún día me confesó, entre tantos sucesos, que disfrutó de mi cada vez que nos veíamos en las tardes, que verme en instantes le era muy valioso, esperaba con ansías esos segundos, disfrutábamos de nosotros sin tenernos aún. Hoy hace tres años… no había nada escrito, ni aún lo hay , sí así seguimos.

Todo está  más oscuro y las penumbras nos cobijan sin reparo, este accidente de por sí malo tanía que pasar aquí,  ya va a anochecer,  las sombras se nota más porque estamos debajo de un puente; se oyen sirenas, no quiero bajar, la sangre me da mucho miedo, terror, no puedo ni verla. Ese líquido sagrado tiene un efecto inmediato en mí, al verla toda roja, brillante, cálida, me absorbe y me aleja del mundo, de lo terrenal; a lo que me refiero es que solo con verlo me desmayo, constantemente he querido creer que me acerca al universo, me catapulta a los límites del mismísimo cosmos, donde aún se aprecia su origen. Es casi como el buen sexo, sólo que este tiene el efecto de proyectarte a un plano paralelo por un diminuto instante a esos confines. Es tal vez de esos confines el lugar del cual viene este hombre.

Se está levantando una señora que no me ha dejado de gritarme desde que llegó lo ayuda, se le ve bien y sólo un tanto desorientado. No quiere hablar con nadie, sólo quiere irse. –Tengo que ver que esté bien-  Abrigada con todo el valor que me queda  bajo a verle. Es joven, como de mi edad pero la barba y la gorra no me dejan apreciarlo bien; se quiere ir, junto con mi suspiro de alivio corre hacia la esquina. Noté agonía en sus ojos.  Un policía me dice que no me preocupe, que seguramente ese hombre estaba bien drogado, y en ese caso yo no tuve ninguna culpa, además no le pasó nada.


Ya en casa tuve que revisar mi carro, tiene una abolladura enorme. Ya no tengo ganas de hacer nada, estoy muy triste o espantada, no sé, Q no llega, seguramente lo olvidó, de hecho no tendría motivos por los que cambiaría su rutina hoy, llegará muy tarde, sin hambre de mí total deus dedit, deus abstulid . Y falta que se entere del carro... Mejor me duermo;  muchas veces tan solo quisiera no quererle tanto, finalmente mi dueña soy yo misma ... y nadie debe de hablar de amor toda la vida.

4/4/11

Regresará

Estoy triste, conozco la razón; sólo exánime sabré confesarlo. Es tarde, ya ha pasado un día entero desde que desperté por última vez.

Antes de dormir, casi dos horas previas a mi último despertar fui anfitrión de una indescriptible y familiar tristeza; ya había conocido a otras que querian hacerse pasar por ella, pero tenía algo peculiar, era mía y esta ves venía cobijada con los recuerdos de mis platónicas pasiones, la memoria así me lo manifestó; ha acudido vestida con la efigie de mi única ella, si pudieran verla sabrían que es verdaderamente hermosa, pero no necesitan saber eso. Es muy bonita y soy suyo también; sus ojos siempre, amo verlos porque siempre me ven esperanzados,son los mismos que ví al conocerla.

No es que no supiera desde antes que algún día llegaría, como buen anfitrión hube de prepárame atrás para esta visita, hace tiempo en la alacena de la indolencia tenía listos mis menesteres para recibirla como buena amiga que es; sólo que me he convencido de haberla invitado en un momento de sinrazón, pero no, esas cosas no pasan. Lo sé por lo mucho que la amo y necesito.

Si la evoqué fue seguramente hace un septenario, en la última farra con mis amigos. De esa fiesta no recuerdo mucho, una fatídica y rara borrachera. Común en nuestras pequeñas reuniones la charla giraba entorno al alcohol contenido en tarros de cebada, lazo e ingrediente necesario que quizás nos liberaba y dejaba sernos auténticos otra vez; platicar de nuestras vidas no era muy interesante pues siempre oíamos de nos lo mismo: -Sí, ya sabes mientras haya chamba todo esta chingón; o, sigo con el mismo desmadre de siempre mis fieles culeros, explotan y hacen de mi vida los que chingados quieren en esa jodida empresa. Todos buscábamos el desahogo, deletreábamos así el abecé de vaciarse por dentro con amigos.

Nos dejamos ir al mismo ritmo en que disfrutabamos de dos quemadas y espumosas jarras de cerveza cada uno. Subió una banda ya; el improvisado escenario hecho de tarimas de madera recicladas y racks de carga ligera fue el soporte y causa de la demora de la presentación; una nueva banda en el escenario, una más ruidosa y profunda, muchos ahí los conocían y coreaban sus canciones, entre ellos mi gurú que con berridos les rogaba que vocalizaran ese himno desconsolador que necesitábamos oír, narrado en notas de suicidio social.

De pronto una nueva sensación, extraña; no era alcohol evaporándose ni fundiéndose en la sangre, mi cara se paralizó, no pude fingir el miedo ni la sorpresa de lo que podría ser un nuevo achaque. Me interrogaron: -¿Huey estás bien?- , -Sí, es solo el sueño. Pero no, discerní que el efecto de la anestesia seguía latente en mí, pues siendo muy temprano para mi rutina y victima de los influjos de la inconsiencia, ese día antes del medio día un dentista había finalizado una endodoncia en mi muela.

Me hice el despierto, bien sabía muy en el fondo que no podía sostener ni mi cabeza, giraba todo; supuse a los demás en la misma situación, aunque ninguno estaba así. La conciencia totalmente alerta observaba a mi embriagado cuerpo desde lo lejos; trate de enfocar la vista, encontrabame ahora trancando la puerta de un baño con el pie, ecos de micción en todos lados; no sé cómo llegue ahí, las pausas de la memoria se hicieron cortas y constantes. De nuevo en la mesa trataba de hablar con una chica que nunca había visto, el ruido me despistó y ella esperaba la respuesta de una pregunta que no recuerdo si escuché.

Mis amigos me despiertan, se despiden, pasaron ya cuatro horas, dicen que mi taxi espera desde hace dos minutos, escucho el claxon, -el tsuru-, intuí; plácidamente en el asiento trasero quise recostarme empero mi servidor trataba de enterarse del evento, sin titubear respondí a cada una de sus interrogantes; el camino armonioso de la madrugada se percibía todo en tresillos, luces tenues escoltaban mi huida. Estrechaban mi mano, la piel reconoció a mi fiel soledad.

Al bajar y ver mi morada alumbrada por la luna gris me sentí amparado nuevamente, regrese la mirada al asiento trasero, ella no bajo conmigo aún cuando la invite a pasar la noche conmigo, -será otro día- y asintió con la cabeza; al subir la escalera mi único alivio fue ver la casa serena, inamovible y tranquila, la guardiana del hogar me recibió desde su caja fuerte de cartón frente a la entrada.

Seguramente después de todo lo anterior mi esperanza de vida se redujo un lustro o poco más. Posterior al alba una guajolota verde y muy picante habría de salvarme de la agonía, y otra cerveza de la sed.


-Nos merecemos-. A un día de mi último despertar, me visitó. Es lamentable, pero siempre me encuentras en la misma situación y no tengo más para ofrecerte que los despojos que siempre ves; tú en cambio eres perfecta. Su cuerpo esta tan bien formado como el empeine perfecto, curveada toda; sus cabellos nunca permanecían en el mismo lugar, me enredaban; los ojos cafés, iguales, siempre serenos, reflejaban la misma luz y esperanza por y para mí.

Por declaración clínica ella acompañaba ya a la muerte. Disfrutó de sí por última vez a mi lado mientras se imaginaba bajando por la copa de árboles, con murmullos le hablaban; previo al instante ínfimo, poco antes de sonreír postreramente la vida misma le abandonó ahí. Desde la cima de una azotea me dijo que esa tarde percibió conmigo la alegría más grande, aquella de la que sólo se lee y figura con soplos en la vida.

Ambos supimos varias ocasiones que no encontraríamos a similares, no hay más seres cómo nosotros. Un gen de indiferencia y dominio absoluto nos caracterizaba. Sin otro similar en este mundo se es simplemente nada. Me preguntó al abrazarme: -¿Pensaste en mí hoy? -Sí. Sólo una vez. -¿Sólo una vez?. Acompañado de la misma seguridad con la que me lo digo a mi mismo todos los días respondí con una risita: -¡Siempre!, bien sabes que te querré más que a nadie por siempre, siempre, siempre.

Sé que un día de estos va a regresar, y sí, yo voy a estar todavía esperándola aquí.

Autor: Drzzz
Imagen: Ocotes en la Mona de Draozz