18/10/10
El valor de rifar un Ligue…
Llegó la hora, retirada después de un rato de andar olfateando colas como perro, es de noche, quienes me acompañan están ya cansados, yo también los estoy y mucho, no hay como negarlo. Sólo que ellos no entienden que para mí las dos aeme es cómo el medio día o la hora antes de la comida, es tarde pero no demasiado tarde.
Resignado después sorber unas 5 onzas de tequila y otras dos de limón con sal. Me retroalimento y no dejo de sorprenderme, después de platicar con un ruco moreno proveniente de la costa grande de Acapulco. Este hombre llevó a sus hijas para cuidarlo, yo no pude más que mirar a una de ellas solo de reojo, y no pude sacármela de la cabeza por mucho tiempo, unas dos o tres semanas, y hay de ellas que pueden usar a conciencia una de las armas más poderosas que existen en el mundo.
Y aún cuando la excitación en muchos casos es puramente visual e imaginativa.
Sí, los escotes pueden más que el cabrón más cabrón, comprobado está con ellos que sí son los más cabrones, los más rucos lamentablemente son los únicos que tienen derecho a estos placeres, son los que riñen, conquistan y poseen esa clase de escotes.
Todo el tiempo esta situación nos franqueó como un desafío, que por intrincadas razones se nos negó. Eramos muy obvios y solo era cuestión de vernos, tal y cómo en la historia de Circe, ella en está ocasión nos volvió cerdos.
Más extraño resultó el momento de nuestra partida, ya muy cerca del cierre del establecimiento rural, el mesero que toda la velada atendió nuestra mesa. Un hombre muy pequeño, correoso y con aire de ser feliz, tuve yo que agacharme para decirle “Gracias cabrón”.
Sin más alcancé a oír.
-Patrón ¿Cómo se llama la vieja chichona que estaba en su mesa?
- No lo sé, o bueno sí, es la hija de el señor con quien estábamos sentados.
-¿Qué no la conoce?
- No!, pero hubiera querido, créeme que la condición en que estoy, sí chavo
-Vamos los dos a buscarla, vi que salió, y allí que escoja. A usted no lo dejó de ver, pero era porque estaba con el don, y a mi sólo me veía para pedirme refresco, estaba aburrida. Estamos iguales, que ella decida con quien se queda.
-Yo entre risas - ¿No me chingues, cómo vamos a ir?
Sí vamos, o ya sé, deme su teléfono.
-¿Para qué?
Para dárselo a ella, que la piense y luego nos hable. ¿Sabe? Por aquí, aunque cabronas y bravas, las viejas siempre son pendejas cuando sabes hablarles.
-Ok… ¿pero se lo das en una servilleta o en un papelito?
Salí, había un desmadre porque no dejaban salir nuestra camioneta, algún otro borracho atravesó su carro. No queríamos más broncas que aquellas con las que ya habíamos llegado, nuestra carga era valiosa y era para nuestro trabajo.
Al final después de mucho buscar al dueño logramos largarnos de ahí, nos fuimos y por largo tiempo pensé que iba a ser de esa pobre y hermosa, joven mujer. Su destino seguramente no sería distinto al de las demás mujeres de la región, serían robadas por sus enamorados, bajo consignas de amor que con un revés de hijos hambrientos las vuelven a la realidad, no encontraran a quien las entienda y estime, les queda desentrañarse los sentidos y la imaginación de esperanza.
Y así con todo, puede que ella ahora este con mi mesero, Luis un hombre feliz y digno de respeto pues es en verdad un buen mesero.
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y serán ellas, las que se queden al final con esas buenas propinas, si no pudieron elegir al "dueño".
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