Antes de dormir, casi dos horas previas a mi último despertar fui anfitrión de una indescriptible y familiar tristeza; ya había conocido a otras que querian hacerse pasar por ella, pero tenía algo peculiar, era mía y esta ves venía cobijada con los recuerdos de mis platónicas pasiones, la memoria así me lo manifestó; ha acudido vestida con la efigie de mi única ella, si pudieran verla sabrían que es verdaderamente hermosa, pero no necesitan saber eso. Es muy bonita y soy suyo también; sus ojos siempre, amo verlos porque siempre me ven esperanzados,son los mismos que ví al conocerla.
No es que no supiera desde antes que algún día llegaría, como buen anfitrión hube de prepárame atrás para esta visita, hace tiempo en la alacena de la indolencia tenía listos mis menesteres para recibirla como buena amiga que es; sólo que me he convencido de haberla invitado en un momento de sinrazón, pero no, esas cosas no pasan. Lo sé por lo mucho que la amo y necesito.
Si la evoqué fue seguramente hace un septenario, en la última farra con mis amigos. De esa fiesta no recuerdo mucho, una fatídica y rara borrachera. Común en nuestras pequeñas reuniones la charla giraba entorno al alcohol contenido en tarros de cebada, lazo e ingrediente necesario que quizás nos liberaba y dejaba sernos auténticos otra vez; platicar de nuestras vidas no era muy interesante pues siempre oíamos de nos lo mismo: -Sí, ya sabes mientras haya chamba todo esta chingón; o, sigo con el mismo desmadre de siempre mis fieles culeros, explotan y hacen de mi vida los que chingados quieren en esa jodida empresa. Todos buscábamos el desahogo, deletreábamos así el abecé de vaciarse por dentro con amigos.
Nos dejamos ir al mismo ritmo en que disfrutabamos de dos quemadas y espumosas jarras de cerveza cada uno. Subió una banda ya; el improvisado escenario hecho de tarimas de madera recicladas y racks de carga ligera fue el soporte y causa de la demora de la presentación; una nueva banda en el escenario, una más ruidosa y profunda, muchos ahí los conocían y coreaban sus canciones, entre ellos mi gurú que con berridos les rogaba que vocalizaran ese himno desconsolador que necesitábamos oír, narrado en notas de suicidio social.
De pronto una nueva sensación, extraña; no era alcohol evaporándose ni fundiéndose en la sangre, mi cara se paralizó, no pude fingir el miedo ni la sorpresa de lo que podría ser un nuevo achaque. Me interrogaron: -¿Huey estás bien?- , -Sí, es solo el sueño. Pero no, discerní que el efecto de la anestesia seguía latente en mí, pues siendo muy temprano para mi rutina y victima de los influjos de la inconsiencia, ese día antes del medio día un dentista había finalizado una endodoncia en mi muela.
Me hice el despierto, bien sabía muy en el fondo que no podía sostener ni mi cabeza, giraba todo; supuse a los demás en la misma situación, aunque ninguno estaba así. La conciencia totalmente alerta observaba a mi embriagado cuerpo desde lo lejos; trate de enfocar la vista, encontrabame ahora trancando la puerta de un baño con el pie, ecos de micción en todos lados; no sé cómo llegue ahí, las pausas de la memoria se hicieron cortas y constantes. De nuevo en la mesa trataba de hablar con una chica que nunca había visto, el ruido me despistó y ella esperaba la respuesta de una pregunta que no recuerdo si escuché.
Mis amigos me despiertan, se despiden, pasaron ya cuatro horas, dicen que mi taxi espera desde hace dos minutos, escucho el claxon, -el tsuru-, intuí; plácidamente en el asiento trasero quise recostarme empero mi servidor trataba de enterarse del evento, sin titubear respondí a cada una de sus interrogantes; el camino armonioso de la madrugada se percibía todo en tresillos, luces tenues escoltaban mi huida. Estrechaban mi mano, la piel reconoció a mi fiel soledad.
Al bajar y ver mi morada alumbrada por la luna gris me sentí amparado nuevamente, regrese la mirada al asiento trasero, ella no bajo conmigo aún cuando la invite a pasar la noche conmigo, -será otro día- y asintió con la cabeza; al subir la escalera mi único alivio fue ver la casa serena, inamovible y tranquila, la guardiana del hogar me recibió desde su caja fuerte de cartón frente a la entrada.
Seguramente después de todo lo anterior mi esperanza de vida se redujo un lustro o poco más. Posterior al alba una guajolota verde y muy picante habría de salvarme de la agonía, y otra cerveza de la sed.
-Nos merecemos-. A un día de mi último despertar, me visitó. Es lamentable, pero siempre me encuentras en la misma situación y no tengo más para ofrecerte que los despojos que siempre ves; tú en cambio eres perfecta. Su cuerpo esta tan bien formado como el empeine perfecto, curveada toda; sus cabellos nunca permanecían en el mismo lugar, me enredaban; los ojos cafés, iguales, siempre serenos, reflejaban la misma luz y esperanza por y para mí.
Por declaración clínica ella acompañaba ya a la muerte. Disfrutó de sí por última vez a mi lado mientras se imaginaba bajando por la copa de árboles, con murmullos le hablaban; previo al instante ínfimo, poco antes de sonreír postreramente la vida misma le abandonó ahí. Desde la cima de una azotea me dijo que esa tarde percibió conmigo la alegría más grande, aquella de la que sólo se lee y figura con soplos en la vida.
Ambos supimos varias ocasiones que no encontraríamos a similares, no hay más seres cómo nosotros. Un gen de indiferencia y dominio absoluto nos caracterizaba. Sin otro similar en este mundo se es simplemente nada. Me preguntó al abrazarme: -¿Pensaste en mí hoy? -Sí. Sólo una vez. -¿Sólo una vez?. Acompañado de la misma seguridad con la que me lo digo a mi mismo todos los días respondí con una risita: -¡Siempre!, bien sabes que te querré más que a nadie por siempre, siempre, siempre.
Sé que un día de estos va a regresar, y sí, yo voy a estar todavía esperándola aquí.
Autor: Drzzz
Imagen: Ocotes en la Mona de Draozz
Por declaración clínica ella acompañaba ya a la muerte. Disfrutó de sí por última vez a mi lado mientras se imaginaba bajando por la copa de árboles, con murmullos le hablaban; previo al instante ínfimo, poco antes de sonreír postreramente la vida misma le abandonó ahí. Desde la cima de una azotea me dijo que esa tarde percibió conmigo la alegría más grande, aquella de la que sólo se lee y figura con soplos en la vida.
Ambos supimos varias ocasiones que no encontraríamos a similares, no hay más seres cómo nosotros. Un gen de indiferencia y dominio absoluto nos caracterizaba. Sin otro similar en este mundo se es simplemente nada. Me preguntó al abrazarme: -¿Pensaste en mí hoy? -Sí. Sólo una vez. -¿Sólo una vez?. Acompañado de la misma seguridad con la que me lo digo a mi mismo todos los días respondí con una risita: -¡Siempre!, bien sabes que te querré más que a nadie por siempre, siempre, siempre.
Sé que un día de estos va a regresar, y sí, yo voy a estar todavía esperándola aquí.
Autor: Drzzz
Imagen: Ocotes en la Mona de Draozz


Tu tristeza inminente ha invocado el certero vacío que siempre acecha por mí.
ResponderEliminarAfortunado sos, pues, ella regresará, la encontraste y ella, sin duda te encontró,
Cómo podrían sobrevivir juntos por siempre?,
Cómo podrían vivir sin volverse a encontrar?
Sin volverse a despertar viéndose el uno al otro en ese escaso, ambulante y privado edén . . .